POESÍA VISUAL

Se describe como una artista miscelánea y en reposo. En la creatividad de Selene Rodríguez Alcalá, humanidades y artes cobran distintas formas. Le encanta experimentar, tanto que no puede encasillarse en una sola. Se inspira en la curiosidad que la lleva a redescubrirse a sí misma y a su amor por lo inventivo. En esta oportunidad, nos abre las puertas de su guarida, donde surgen la chispa de sus ideas y obras de todo tipo. A través de sus espacios llenos de poesía visual, nos proyecta un íntimo reflejo suyo.

Fotos: Ismael Prado. Dirección de producción: Bethania Achon.

Con 27 años, Selene Rodríguez Alcalá es una persona creativa hasta el núcleo y toda una virtuosa. Como ella misma lo señala, su encuentro con el arte fue muy diverso y captó su atención desde una edad temprana. Luego de asistir a varias academias, su dedicación la llevó a recibirse de profesora superior de Danza Clásica y luego de licenciada en Artes Visuales en la Universidad Nacional de Asunción. Además, fue becada por la Fondation Culture et Diversité de Francia, donde aprendió el oficio de la cerámica y, por si fuera poco, recientemente obtuvo una maestría en Education Policy and Management de la prestigiosa Harvard University.

Dedica la mayor parte de su tiempo a elaborar proyectos educativos, pero es el arte su manera de balancear la vida y conectarse consigo misma. Su quehacer creativo no puede ser reducido a cuestiones exclusivamente de la mente, pues siente muy seguido la necesidad de expresarse con el cuerpo: “Si bien mi trabajo en consultoría tiene mucho de creación intelectual, no reemplaza el crear con las manos y en libertad”, manifiesta.

Multidisciplinaria, se inspira en lo que le rodea –desde las fotos capturadas con su teléfono, lo que escucha en sus podcasts hasta las conversaciones con otras personas– y lo transforma en pintura, fotografía, dibujo, danza y cerámica, mientras relata todo el proceso y la enseñanza detrás a través de su cuenta en Instagram y su blog: @selene_rablog. Otra exposición fiel de su energía es su hogar, que a la vez hace de estudio, el cual alberga y relata un composé de sus historias, aprendizajes y facetas.

El arte está muy presente en tu vida. ¿Qué significa para vos?

– Como significado de la palabra “arte”, me quedo con la definición que escribió Ticio Escobar en su libro El mito del arte y el mito del pueblo, donde lo describe como “esa manipulación sensible que perturba la producción del sentido”. Me gusta porque es más democrático y permite que se involucren ideas diferentes de lo que puede componer.

¿Tenés un estilo propio o te gusta mezclar varios?

– No sé si tengo un estilo propio, pero si se quiere poner una etiqueta o ismo reconocible a mis obras, podría decirse que son de la familia del expresionismo abstracto.

¿Qué es lo que te resulta más estimulante de crear?

– El poder disfrutar del proceso y sentirme satisfecha con el resultado.

¿Qué te llevó a estudiar carreras tan diversas como Danza Clásica, Artes Visuales y Política y Gestión Educativa?

– Las humanidades son el hilo conductor entre ellas. La licenciatura en Artes Visuales fue una carrera muy completa, con excelentes materias que me ayudaron a ser una persona más crítica y con una mayor valoración del entorno. En cuanto a Gestión y Políticas Educativas, la busqué porque quería las herramientas necesarias para hacer cambios estructurales que tengan un mayor impacto, ya sea en las artes o en otras ciencias humanas.

¿Cómo fue que la cerámica se convirtió en otro interés tuyo?

– En 2014 fui a Francia con una beca y ahí aprendí el oficio de la cerámica. A mi vuelta implementé todo lo que recibí, pero mi verdadero interés no era directamente el oficio en sí, sino las dinámicas, las personas y las instituciones que lo promueven.

¿Qué es lo que más disfrutás cuando no estás trabajando?

– ¡Cuando no trabajo es cuando pinto! La actividad artística y creativa es lo que más disfruto.

«MI CASA ES UN DIARIO ÍNTIMO DONDE ETAPAS Y EVENTOS RELEVANTES DE MI VIDA SE VEN REPRESENTADOS E INMORTALIZADOS»

En palabras simples, ¿cómo es tu día a día?

– Podría decir que solo un 5% de mi tiempo lo dedico a mi faceta creativa. La mayor parte trabajo como investigadora y desarrolladora de proyectos educativos. Si hago home office, mi perro Hermes me acompaña.

Para vos, ¿qué representan los hogares y, en especial, el tuyo?

– Para mí, un hogar es el reflejo de sus habitantes. Mi casa es un diario íntimo donde etapas y eventos relevantes de mi vida se ven representados e inmortalizados. Es muy lindo rodearte de buenos recuerdos.

¿Cómo se encuentra tu arte presente en la ambientación de tu casa?

– En una pared de mi comedor voy colgando las pinturas terminadas. Ahí las dejo de manera a disfrutarlas un tiempo antes de que vayan a sus nuevos hogares. También tengo algunos objetos utilitarios que hice. Arte o no, fueron piezas que creé y se quedaron conmigo.

¿Cuáles son tus recomendaciones a la hora de ambientar un hogar?

– Diría que redescubran y revaloricen lo ya existente y que le den alma al lugar donde van a vivir.

¿Desde qué punto te involucraste en la intervención de esta casa?

– En todo. La vi como un lienzo en blanco con el desafío de armar una composición con materiales tridimensionales. En cuanto a la colección de arte popular, indígena y urbano, la fui armando hace ya un tiempo y otra parte vino de mi esposo, Guillermo. Lo genial es cómo hablan e interactúan entre sí. ¡Algo así como una expografía!

¿Cuáles son tus espacios favoritos y qué es lo más significativo que sucede en ellos?

– Definitivamente, el balcón es mi espacio favorito. Me encantan las mañanas en las que puedo salir ahí a disfrutar un café.

¿Cuáles son los objetos que más te gusta utilizar para completar la estética de un espacio?

– Las plantas naturales. En esta cuarentena, la gente les prestó más atención por todos los beneficios tangibles e intangibles que nos brindan.

¿Tenés arte, muebles u objetos que tengan una historia de por medio?

– ¡Todos y cada uno de ellos! Desde las esculturas de enamorados hasta la butaca zoomorfa. Las primeras fueron un regalo de un maestro ceramista y mentor japonés, y la segunda la adquirí en El Almacén de Doña Estela en la exposición Reconfiguraciones, del Museo del Barro. Este, por ejemplo, se llama Coco, como mi anterior mascota, a quien recuerdo con cariño.

¿Cómo surgió la idea de hacer makeovers a tus muebles viejos?

– De manera inconsciente, quise conservar parte de la historia de mi familia y la de mi esposo al acondicionar algunos muebles heredados. Pasa también que adquirir nuevos no necesariamente es lo mejor, ya sea para ambientar o para el medioambiente. Tener cosas de nuestros padres y abuelos es algo genial, más aún si les damos un uso práctico y se encuentran puestas en valor.

¿Conociste algún lugar que te haya inspirado o sorprendido en cuanto al arte, diseño o estilo?

– ¡Muchísimos! Pero el primero fue el Museo de Orsay. En esa visita me sorprendió no solo la belleza de las obras, sino la multitud de gente que las rodeaba y comentaba sobre ellas. Yo también quería sentir esa energía que algunas de estas personas tenían y entender de qué se trataba este juego del arte. Unos años después me inscribí a la carrera de Artes Visuales y luego de eso pude finalmente ser una de ellas.

Finalmente nos gustaría saber qué sentís al ver que tu arte ocupa rincones de otros hogares.

– Me es superespecial porque un pedazo mío lo dejé ahí.