UNA BODA SOÑADA
Hay fechas que se transforman en el inicio de una historia inolvidable. Y el pasado 9 de mayo, San Bernardino se convirtió en el escenario de una promesa esperada: la unión de Karen Simón y Bruno Camperchioli. Las horas previas marcaron el tono íntimo y familiar de un día más que especial: mientras él aguardaba el momento rodeado de sus seres queridos en una residencia de la villa veraniega, ella vivía sus preparativos en Villa María, con el afecto de su familia y sus amigas más cercanas.
La celebración religiosa tuvo lugar en la capilla San Gabriel, entorno imponente que ofreció una postal única con vistas al lago Ypacaraí. Ante la mirada conmovida de sus padres y padrinos — Humberto Simón y Diana Fernández de Simón; Humberto Camperchioli y María Luisa Maciel de Camperchioli—, la pareja intercambió alianzas en una bendición nupcial que detuvo el tiempo. Cada gesto de complicidad y la atmósfera natural hicieron que el momento sea inolvidable para los nuevos esposos.

Los recién casados y sus invitados se trasladaron a los salones de Es Vedrá para dar inicio a la gran fiesta. Al caer el sol, los acordes en vivo de The Bantus y Sunset Fusion acompañaron los primeros brindis, antes de que el ritmo de la noche quedara en manos de los DJs Hallam y Alejandro Massey, en quienes los novios confiaron plenamente para mantener la pista encendida.
Para la gran ocasión, la novia optó por un estilismo impecable y etéreo, un diseño de la firma israelí Berta Privée complementado con un velo y joyas de Srta. Conchita. En su arreglo personal, consideró a Ámbar Mascareño en el maquillaje y a Jaime Román en el peinado, y completó su look con un ramo de flores frescas de La Floresta.
Toda la noche fluyó de manera perfecta gracias a la coordinación integral de Jessica Miralles y su staff, que cuidaron cada detalle detrás de escena para que la pareja disfrutara al máximo antes de partir rumbo a su luna de miel: un safari por África.










