UN AMOR SIN FRONTERAS

Todo empezó con un café y un mapa de Australia. Luisa Macarena Seall Zavala buscaba el norte para su maestría y una amiga en común le sugirió contactar a Carlos Andrés Núñez Argüello, quien había cursado exactamente ese mismo máster tres años antes. Esa oportunidad en Melbourne fue el hilo conductor de una historia que luego de dos años y cinco meses vivió su capítulo más importante: la boda.

La pedida de mano fue el 10 de agosto de 2025, a orillas del río que atraviesa esa ciudad que los conectó: Andy transformó la graduación de Luisa en el prólogo de su vida juntos con una propuesta de matrimonio que, a ella, entre la emoción y el fin de una etapa académica, la tomó por sorpresa.

Los recién casados con sus testigos.

La celebración de ese fue, en palabras de la pareja, el día más divertido de sus vidas. La previa de Luisa se convirtió en un estallido de risas y alegría entre su madre, su hermana, sus cuñadas y sus amigas de siempre, Cami, Giuli y Ale.

Para caminar hacia Andy, la novia eligió el talento de Ana González, de Cuyé, quien diseñó su vestido, y en sus manos portó un ramo de Bohême Flores.

Luego de recibir la bendición nupcial en el Obispado Castrense, se dio la celebración más divertida que pudieron imaginar en el Club Centenario de Surubi’i. Lui y Andy hicieron su entrada oficial a la fiesta con una coreografía de la canción Qué suerte, de Fonseca, preparada junto a Mila Salgado. Un baile corto y lleno de ritmo que marcó el inicio de una noche sin pausas.

El despliegue de alegría alcanzó su punto máximo con la irrupción sorpresa del grupo Chapa C. La pista encendida por las bandejas de DJ Beto hizo que la fiesta se extendiera hasta las primeras horas del día, como el preludio perfecto antes de partir rumbo a su luna de miel por Grecia, Croacia y Madrid.

DETALLES

La atmósfera de la fiesta fue una creación de Lo de Nacho, que diseñó una puesta en escena singular. El menú llevó el sello de Hermann Soerensen para Stuppendo y el rincón más comentado fue el de Almacén del Plata, en el que Xime Marsal materializó una idea única: un cheesecake bar con versiones personalizadas del novio y la novia, una propuesta de autor que permitió a los invitados saborear los gustos personales de la pareja.