UN AMOR QUE INSPIRA
Con el nacimiento de Guillermina, laarquitecta Flavia Trovato transformó suvisión de lo que significa un hogar. En este especial del día de la Madre, nos comparte cómo vive una maternidad que superó todas sus expectativas y encontró en los gestos cotidianos de su hija las lecciones más valiosas. Hoy, su faceta profesional y su rol de mamá conviven en una armonía natural, y su pequeña es la musa detrás de sus proyectos más personales.
Hay amores que no solo transforman la rutina, sino que inauguran dimensiones desconocidas en el alma; sentimientos que no necesitan de una gramática previa porque se viven con la intensidad de lo absoluto. Para Flavia Trovato y su esposo, Raimundo Rolón, el nacimiento de Guillermina el 26 de noviembre de 2025 representó ese umbral hacia una plenitud que hoy redefine cada rincón de su mundo. “No hay palabras para describir lo que una siente. Es un sentimiento muy difícil de explicar, es como si se abriera un camino nuevo de luz, esperanza y felicidad plena. Jamás en mi vida había experimentado algo así”, confiesa Flavia con una sensibilidad que trasciende su faceta profesional. Para ella, este vínculo es un asombro constante que se renueva con cada amanecer, una conexión que parece haber estado escrita mucho antes de su primer encuentro: “No sabía que existía hasta que nació ella; la alcé, la escuché, la sentí y a partir de ahí todos los días crece un poquitito más”.
Ese camino de luz comenzó con la espontaneidad de los momentos que se atesoran para siempre, en la calidez de su hogar y con la frescura de lo auténtico. Flavia recuerda la noticia como la sorpresa más profunda y movilizante de su vida, una anécdota que hoy relata con la alegría de quien guarda un tesoro. “Fue totalmente inesperado. Recuerdo que estábamos mirando el partido de Paraguay, de clasificatorias para el Mundial, cuando nos llegó el test positivo; era de noche, nos pusimos muy felices. Ahí mismo subimos a la camioneta y fuimos a contarles a nuestros papás y hermanos”, relata sobre aquel 20 de marzo. Desde ese instante, la planificación de los espacios dejó de ser puramente técnica para volverse emocional y convirtió la espera de nueve meses en el proyecto más importante de su carrera.
Nuevos proyectos
Como arquitecta de profesión, volcada hoy por completo al interiorismo y al diseño de mobiliario, Flavia posee una mirada entrenada para detectar la armonía y la funcionalidad en cada plano. “Mi parte favorita del trabajo es hacer habitaciones de bebé; antes de ser mamá ya sabía todo lo que se necesitaba en un dormitorio así, lo tenía estudiado”, explica. Sin embargo, al proyectar la recámara de Guillermina, su pericia técnica se encontró con la sensibilidad de su nuevo rol de madre. Así, el desafío fue crear una atmósfera que escapara a los clichés temporales y que tuviera identidad propia: “Quería lograr un concepto distinto y personal para mi bebé, que pueda también crecer con ella… algo elegante y que refleje un poco de lo que yo soñé durante esos largos nueve meses de espera”.
Esta visión de un diseño con raíz humana y emocional es lo que dio vida a Casa Mina, su estudio de interiorismo. El nombre es, en sí mismo, un tributo silencioso y cargado de significado: “Mina surge como una forma de tomar algo de Guillermina, mi hija, sin nombrarla de manera literal, pero manteniendo su presencia como inspiración”. Para Flavia, su emprendimiento es el sitio donde su recorrido profesional y su faceta personal convergen de forma natural: “No es solo diseñar espacios u objetos, sino hacerlo desde un lugar más conectado con lo que realmente importa. Representa ese equilibrio entre lo profesional y lo personal: un proyecto que tiene identidad, pero también historia”. Es, en definitiva, su forma de darle a su labor técnica un sentido mucho más profundo y trascendente.

Un caos lleno de amor
En la cotidianidad de su residencia, el orden y la estética conviven con el ritmo vital y vibrante de una bebé de seis meses. Aunque reconoce que la vida laboral de una emprendedora puede ser vertiginosa —especialmente cuando todo depende de uno mismo—, Flavia aprendió a establecer prioridades, con el bienestar de su hija como norte absoluto. “Hoy Guillermina manda, nadie más”, admite con una sonrisa.
En este presente, la organización semanal es su gran aliada para navegar lo que ella define como un «caos lleno de amor», aunque hay rituales domésticos que permanecen inalterables bajo cualquier circunstancia: “El horario y su rutina son sagrados; sacrifico todo por eso. A las 19.00 tiene que estar bañada y ya en proceso de dormir; ella está bien acostumbrada, es un pequeño relojito”.
En esos momentos de quietud, cuando la jornada comienza a apagarse, Flavia encuentra las gratificaciones más puras de esta etapa: ser testigo de cómo su hija empieza a reconocer el mundo y a quienes la rodean. “Descubrir todos los días las nuevas cosas que hace mi bebé, lo mucho que nos enseña… Empieza a reconocernos y se alegra un montón cuando me ve con una sonrisita que me derrite de amor. Es como un mimo fuertísimo al alma”, dice y confirma que su verdadera razón de ser hoy se encuentra en esas pequeñas alegrías.

Su primera celebración
Al celebrar su primer Día de la Madre, Flavia se apoya en el ejemplo de su propia mamá —a quien define como su mejor maestra— para transitar este camino con seguridad y templanza. Su mensaje para otras mujeres que, como ella, están descubriendo la maternidad, es uno de sororidad y confianza en la propia voz interior: “El instinto materno es fuertísimo, y creo que me hubiese encantado escuchar ‘seguile a tu instinto porque es sabio’. No hay una única forma de maternar y está bien ir descifrándola paso a paso”.
Para Flavia, el diseño de interiores es la creación de un escenario propicio para la vida y los afectos. Por eso, su consejo para quien busca transformar un espacio en un verdadero hogar es empezar siempre por lo intangible: “Un lugar se vive a través de los sentimientos y las emociones; por eso debemos empezar por saber qué es lo que queremos sentir en cada área; es mucho más fácil iniciar ahí”.
En ese cruce perfecto entre arquitectura y vida, ella celebra su mayor creación: un hogar donde el legado más importante para Guillermina no será un objeto, sino la preservación de su inocencia y el calor de un amor que, sencillamente, no se puede explicar.









