UN FUTURO CON INTENCIÓN
A sus 24 años, Inés Verdún es ingeniera civil y una auténtica estratega de la eficiencia. Conuna formación que enlaza a Taiwán, California y Paraguay, trae la experiencia de haber trabajado en proyectos de alta complejidad en San Francisco. Hoy, de regreso al país, nos cuenta cómo su paso por la Universidad de Berkeley le enseñó a perderle el miedo al error y revela cuál es su mayor sueño para transformar Asunción.
Luego de un tiempo considerable en el extranjero, Inés Verdún volvió a establecerse en Asunción. Sin embargo, su experiencia reciente en el mercado estadounidense marcó un antes y un después en su carrera, con una estructura mental que se forjó en los laboratorios de la UPTP-Universidad Politécnica Taiwán Paraguay, en las calles de Taipéi y, finalmente, en los pasillos de la UC Berkeley.
Ella es máster en Engineering Project Management por uno de los programas mejor rankeados del mundo. Esto no solo le dio herramientas técnicas; también un reset filosófico. Berkeley y la Bay Area en general son la cuna de la tecnología, la innovación y las famosas startups. En un entorno de figuras reconocidas, aprendió que el camino a la excelencia no es una línea recta. «Crecí con una perspectiva particular del éxito: ser impecable en todo, dar el 100 %. Y no deja de ser verdad, pero me faltaba algo que no había considerado: el fracaso. En Berkeley, fallar está completamente normalizado; no es lo que pasa si tenés mala suerte, es lo que va a pasar, y lo saben. La mayoría de los exitosos fracasaron un millón de veces antes de llegar al primer sí», replica.
Esta mentalidad disruptiva se resume en una frase que escuchó del director ejecutivo de Adobe Systems y que hoy es su mantra: «Silicon Valley no es ajeno al riesgo, no le tiene miedo. En San Francisco se habla mucho de ‘fracasar hacia delante’ y también ‘muévete rápido y rompe las cosas’. Yo creo que ese, al final, es el camino al éxito».
LA METODOLOGÍA LEAN
Esa búsqueda de la eficiencia la llevó a especializarse en la metodología Lean, una corriente que busca maximizar el valor a través de la eliminación de lo innecesario. Lo que Inés no esperaba era que este tecnicismo se convertiría en su brújula personal.
Según explica, “desde la perspectiva Lean se valora muchísimo la rapidez, pero solo cuando es consecuencia de un proceso eficiente, no si compromete la calidad. El foco no está en la duración en sí, sino en la secuencia del proceso. El ahorro de tiempo viene solo, como resultado natural de hacer las cosas bien. El cambio más grande que noté fue empezar a trabajar con intencionalidad, dejar el modo automático y elegir conscientemente hacia dónde va mi energía, mis esfuerzos y por qué. No realizo tareas porque tocan, sino porque decidí que tienen un propósito».

Al ser tan joven, es inevitable consultarle cómo se gana la confianza de quienes llevan décadas en la industria. Afirma que “los componentes clave son profesionalismo, dedicación y preparación técnica demostrable”. Para ella, lo más importante y lo que realmente marca la diferencia es que ambas partes —aquellas con más experiencia y las que recién empiezan su camino— reconozcan el valor de lo que cada una aporta.
“La experiencia es fundamental, especialmente en la construcción, eso no está en discusión. Pero las ideas nuevas que traen los jóvenes, aplicadas correctamente, llevan a la innovación. No son opuestos, son complementarios. Cuando esos dos componentes trabajan juntos, es la combinación perfecta”, explica.
CAMBIO DE AIRE
Su rutina en el extranjero, como ella misma define, fue una evolución constante: «El último año lo pasé trabajando en San Francisco, en la construcción de uno de los hospitales más grandes de la ciudad. Mi día se dividía entre la oficina y la obra. Mi posición era de ingeniera de producción, un puesto muy novedoso en la industria».
Pero el éxito no es solo profesional. En su vida, el equilibrio es tan importante como el cronograma de una obra. «Fuera del trabajo hacía ejercicios, descubría restaurantes nuevos, salía con amigos. Pero lo mejor llegaba los fines de semana, cuando organizábamos una hike: una montaña diferente, un camino que todavía no habíamos hecho. Y en invierno, esquiar en Lake Tahoe era el plan infaltable», nos cuenta.

UN SUEÑO PARA PARAGUAY
De cara al futuro, ella se entusiasma con la idea de cerrar la brecha tecnológica a nivel local: «La construcción es una de las industrias más atrasadas en cuanto a innovación. Eso, lejos de desanimarme, me entusiasma. Lo que más me emociona es promover la cultura Lean en nuestra industria y ver cómo vamos eliminando ese problema».
Y su visión no se detiene en las paredes de una obra; se extiende a la ciudad que habitamos. Para los grandes eventos que recibirá el país, como el Mundial 2030 o los Juegos Panamericanos, Inés tiene un anhelo claro: «Mi sueño es que Paraguay ofrezca un buen sistema de transporte público y sea una ciudad caminable. Porque así tendría mucho más para dar, las experiencias cambian y la gente descubre cosas. Es una inversión que se siente en todos los ámbitos de la vida cotidiana».
Al final, la estructura mental de Inés es como uno de sus proyectos: sólida, preparada para los imprevistos y diseñada con un propósito mayor: «Haber vivido en culturas tan opuestas me abrió la mente. Aprendí a adaptarme al ambiente que me toque, y creo que esa es, al final, una de las habilidades más importantes para la vida».


