AMOR ETERNO

Hay amores que no necesitan buscarse, porque el destino se encarga de ponerlos frente a frente en el momento exacto. Para Nathalie Escauriza Vallet e Ignacio Lane Grillon, ese instante mágico ocurrió en 2016 durante sus pasantías de bachillerato, donde surgió un vínculo que se fortaleció durante casi una década. El 17 de mayo de 2025, bajo el sol de Miami, Ignacio sorprendió a Nathalie en la cubierta de un yate. Con el atardecer de fondo, le pidió caminar juntos de la mano por el resto de sus vidas.

La historia tuvo su capítulo más importante el pasado 25 de abril. La iglesia San Lorenzo de Altos abrió sus puertas para la celebración del amor. El momento fue una postal de pura emoción: ella llegó al templo en un impecable Mercedes Benz C220 de 1969, del brazo de su padre, Sergio, escoltada por sus hermanos Fabricio y Martín.

El cortejito —integrado por Coti, Alexander, Rafi, Sofi, Helena, Pity y Lais— aportó la nota de ternura a la ceremonia, y un Ignacio visiblemente emocionado vio a su prometida caminar hasta él vestida de blanco. Tras la bendición, la celebración se trasladó a Es Vedrá, donde la atmósfera fue de sofisticación vibrante. Al ser la boda del hijo de la reconocida event planner Désireé Grillon, la expectativa era máxima y el resultado fue, simplemente, una obra maestra de la organización gracias a su equipo.

«Fue un día soñado. A pesar de los nervios previos, al llegar al gran día me sentí en paz, rodeada de mi madre, mi abuela, mi suegra y mis amigas que vinieron desde Suiza, Alemania y España solo para estar conmigo», recordó Nathalie con emoción.

Los invitados fueron recibidos con una previa al ritmo de The Bantus, mientras una selecta barra de whisky y habanos marcaba el tono de exclusividad. La gran explosión de alegría llegó con la entrada oficial de los novios a la pista, al ritmo de Por toda la vida, de Fonseca. La fiesta fue un despliegue de energía, pues los DJs Pachelo, Amílcar, Faro, Santi, The Bantus y Hallam mantuvieron la pista encendida.

DETALLES

La ambientación fue una creación de Óscar Guccione, que logró un equilibrio perfecto entre elegancia y calidez. El servicio gastronómico de Talleyrand estuvo impecable, tanto para la cena como la chocolatería, crepería y cafetería. También hubo un menú especial para celiacos de Lá Nutry. La Barra de tragos quedó en manos de Flairs.