UNA VIDA CONTIGO
El destino de Ana Paula Benítez y Dominik Bernhard se trazó genuinamente: a través de una amiga en común que los presentó. Luego de tres años de un noviazgo colmado de complicidad, la promesa de una vida compartida se selló en la intimidad del hogar, donde una propuesta de matrimonio cálida y sincera dio inicio a un gran sueño.

Con el deseo de tomarse de las manos para siempre, la cita fue en la capilla Virgen de Fátima. A la hora pactada, el novio y los invitados aguardaban ansiosos la llegada de Pauli. El instante más sublime ocurrió cuando las puertas de la iglesia se abrieron: la emoción desbordó el corazón de la novia al cruzar el umbral y encontrar, al final del pasillo, la mirada de Dominik con su hijo Benicio en el altar. Fue un encuentro de tres, un lazo familiar inquebrantable que convirtió ese momento en el más especial.

Tras el sí, quiero, los nuevos esposos y sus invitados se trasladaron a Casa Puente. El lugar fue transformado por la visión de Pachi Maluff, para Art Decor, que creó una atmósfera idílica. El banquete estuvo a cargo de U Catering, mientras que la mesa de dulces llevó la firma de Coco Leiva. La energía de la noche se mantuvo en lo más alto gracias a una curaduría musical excepcional. El set de DJ Hallam y el ritmo de DJ Nico Pietro, que vino de Argentina, hicieron que la pista estuviera llena hasta el amanecer.
Para Pauli y Dominik, aquel fue, sin lugar a dudas, el día más feliz. El próximo capítulo de esta historia tendrá como escenario Japón, destino escogido para su luna de miel el próximo año.
DETALLES
ANTES DEL SÍ, QUIERO
El camino al altar comenzó con una previa cargada de afectos en Casa Puente, donde ambos se prepararon rodeados de familiares y amigos cercanos. Pauli lució preciosa en un vestido hecho a medida por Stephanie Gosling. El estilismo estuvo a cargo de Mónica Franco y César Cáceres, de Áva, que lograron un look impecable y sofisticado.












