DONDE CADA RECETA TIENE UNA HISTORIA

Por fin, el esperado restaurante Delicias de Juju abre sus puertas. Conversamos con su creadora, Joumana Rahal, sobre los planes detrás de esta apertura, la mística de sus recetas, la nostalgia por su Líbano natal y cómo la alianza estratégica con Banco Atlas hizo posible el cumplimiento de una meta con alma y sabor. Se trata de una propuesta que funde el calor del hogar con la máxima exclusividad, diseñada para que cada comensal se sienta, verdaderamente, en su propia casa.

Hay proyectos que se preparan a fuego lento, alimentados por la ilusión, la nostalgia de los orígenes y el deseo constante de compartir una identidad. Durante años, cada vez que Joumana Rahal entraba a un establecimiento a almorzar o cenar en familia, un pensamiento recurrente venía a su mente: “Le hace falta un restaurante árabe a este lugar; si fuese mío, lo haría acá”. Aquel anhelo, que parecía lejano cuando comenzó cocinando a pequeña escala en 2017, hoy es una imponente realidad.

Actualmente, en su etapa de soft opening —de 19.00 a 23.00 mientras culminan los últimos detalles burocráticos para operar en el horario extendido de 11.00 a 23.00—, el nuevo restaurante Delicias de Juju en DelSol Shopping & Lifestyle —en el Parking López Moreira— se erige como un verdadero templo gastronómico.

Vencer el miedo

Dar el salto de una producción casera bajo encargo a la estructura de un restaurante de primer nivel requirió de un proceso profundo y desafiante. “Cuando estábamos en la reforma me asustaba la idea, me quedé con miedo”, confiesa Juju con la honestidad que la caracteriza. “Pensaba: ‘Dios mío, ¿qué hice?’. Sentí que la responsabilidad era muy grande. Antes entregaba mis pedidos, limpiaba mi cocina y subía a mi habitación. Ahora tengo que estar atenta a la cocina, la gente, cómo salen los platos. Pero no lo vas a poder creer: al entrar por esta puerta, solo la felicidad habita en mi corazón y en mi sonrisa. Ya no quiero salir más de acá, me encanta”, relata emocionada.

Esa transición hacia una escala mayor fue cobrando forma a finales del año pasado. Tras recibir el impulso definitivo por parte de sus fieles comensales y contar con el apoyo de un socio comercial, el proyecto arquitectónico quedó en manos de su nuera, Marwa Omairi, quien diseñó un entorno que fusiona modernidad y tradición. El mobiliario de madera, los espejos y los imponentes arcos —cuya carpintería se mandó hacer especial mente en Santa Rita— evocan de forma sutil la estética del Islam y la majestuosidad de las mezquitas. Un espacio que transporta. Como detalle romántico, Juju destaca las ventanas del local, que le devuelven la nostalgia de su juventud en el Líbano, aquellos tiempos inocentes cuando el amor se comunicaba con miradas esquivas y profundas de ventana a ventana.

El ritual de la mesa

La esencia de Juju permanece inalterable. A pesar de la envergadura del restaurante, la mística de su gastronomía casera no cambió. Platos tradicionales por los que empezó a ser conocida continúan elaborándose bajo su estricta supervisión, manteniendo la producción de las comidas frías más complejas dentro de su hogar para garantizar la frescura absoluta. Incluso el equipo humano que la acompaña fue entrenado previamente en la intimidad de su casa: “Tengo un grupo que me apoya y me cuida. Ya saben perfectamente qué me gusta y cómo hago las cosas. Cocinan con el mismo amor”. Así, ella puede concentrarse plenamente en lo que mejor sabe hacer: crear, preparar y cuidar cada detalle sensorial.

La propuesta gastronómica del restaurante invita a un viaje sensorial profundo a través de las recetas más auténticas de los hogares libaneses. Para comenzar el banquete, la carta despliega una selección de entradas frías y calientes que celebran los sabores esenciales de su tierra: desde el hummus clásico y el baba ganoush, hasta el kibbi, servidos fritos o al horno. No faltan las icónicas sfihas ni el crujiente faláfel.

Para quienes buscan sumergirse de lleno en la cultura, el  apartado Como en casa de Joumana presenta platos principales imponentes como el maalube de cordero o pollo (un arroz especiado con berenjenas, tomates y frutos secos) y las delicadas hojas de parra y repollo rellenas, que llegan a la mesa acompañadas de una fresca ensalada de pepino y labneh. Una de las grandes novedades es la Experiencia libanesa, un plato diseñado para compartir entre dos o cuatro personas que reúne las preparaciones más solicitadas.

El recorrido culinario continúa con los sabores urbanos de Calles de Lala, sección del menú que rinde homenaje a su ciudad natal mediante sándwiches y asaditos. Destacan los tradicionales shawarmas de carne o pollo con salsa taratour, lechuga y encurtidos en pan árabe; las brochetas marinadas de pollo shish tawouk y los bocaditos de kafta.

Ella también busca educar el paladar local desde la hospitalidad: en el Líbano no se acostumbra el formato bufé; la tradición dicta que los comensales se sienten y la comida empiece a bajar de forma generosa a los platos. Fiel a ese legado familiar que aprendió ya en su infancia y juventud, Juju recorre mesa por mesa conversando con sus comensales. “A veces veo que la gente quiere cortar el kibbi o la sfiha con cuchillo y tenedor. Yo me acerco si hay confianza y digo: ‘No se come así, hay que agarrar con la mano’. No importa el protocolo, sino comer feliz y sentirse como en la casa de tu mamá o hermana».

Y es que ella creció en un hogar donde sabían recibir a la gente: “Para mi abuelo eran una verdadera fiesta las visitas. Siempre decía: ‘Si me amás mucho, comés mucho’. Ver a las personas disfrutar de la comida me alegra. Para mí, los platos vacíos son mi felicidad”.

En esta nueva etapa, la propuesta se expande además hacia desayunos, meriendas y postres, donde el final de la comida se convierte en un ritual de sobremesa: el perfume del agua de azahar y el café árabe recién hecho escoltan dulces inolvidables de autoría de Juju, como baklava de masa filo con frutos secos, knafeh caliente con queso fresco, pastelitos maamoul rellenos de dátiles o pistachos, y el favorito de la casa: el delicado aysh el saraya. Además, la innovación se hace presente con creaciones contemporáneas como el aclamado chocolate Dubái golden edition —por el que se hizo viral en su momento— y su reinterpretación, llamada hoy brownie Dubái.

“Yo soy hermana, hija y mamá; por eso quiero que las personas que vengan aquí sientan que soy como su madre, su hermana, su hija o todo a la vez. Mi deseo es que cada uno piense que este lugar es su propia casa”, finaliza.

UNA ALIANZA ESTRATÉGICA

La unión entre Delicias de Juju y Atlas se consolidó de manera sumamente orgánica y se tendieron los lazos para que el banco decidiera acompañar de forma integral el desarrollo de este nuevo espacio gourmet. Por ello, el restaurante contará en su planta alta con dos salones vip exclusivos de Atlas. Este espacio selecto fue concebido para brindar máxima sofisticación y confort a los clientes premium del banco, para permitirles disfrutar de reuniones de negocios, celebraciones privadas o momentos de distensión con una atención personalizada y el maridaje perfecto de la alta cocina libanesa. Para hacer la experiencia aún más atractiva, la alianza estratégica con la entidad financiera trae beneficios directo a la mesa: los clientes de Banco Atlas pueden acceder a un 25 % de reintegro todos los días utilizando sus tarjetas Visa Infinite, Visa Signature y Mastercard Black. Para consultas y reservas, uno puede contactarse al número (0994) 470-914 y seguir a @delicias_ dejuju en Instagram.

¨Yo soy hermana, hija y mamá; por eso quiero que las personas que vengan aquí sientan que soy como su madre, su hermana, su hija o todo a la vez. Mi deseo es que cada uno piense que este lugar es su propia casa¨