EL DISEÑO COMO ACTO DE FE

Tras el éxito de Básicas y Oh Baby, la diseñadora paraguaya Isabel Pampliega se sumerge en el mundo de las piezas únicas. Una charla sobre resiliencia y el desafío de vestir momentos inolvidables.

Isabel Pampliega
Por: Ada Cabral. Fotografía: Andrea Sosa.

Desde aquellos dibujos de vestidos que poblaban los márgenes de sus cuadernos de la escuela, el destino de Isabel Pampliega parecía trazado. Sin embargo, su camino no fue una línea recta, sino una evolución consciente. Tras irrumpir en 2017 con Básicas —una oda a la funcionalidad— y explorar la ternura con Oh Baby en 2024, el 2025 marcó su regreso a la esencia: la alta costura. «Es lo que realmente me apasiona», confiesa ella, una mujer que ha sabido transformar los desafíos más profundos de la vida en motores de creación.

Diseñar con propósito

Si algo define la trayectoria de Isabel es su capacidad de respuesta ante la adversidad. En sus palabras, la fe ha sido el pilar que la sostuvo luego de la pérdida de su mamá y su hermana, los retos de la pandemia y el nacimiento prematuro de sus mellizas. «Detrás de cada empresa siempre hay una persona con sus luchas diarias», reflexiona. Esa misma sensibilidad es la que hoy traslada a sus clientas, pues entiende que un vestido no es solo tela, sino una armadura de seguridad y feminidad.

La transición de la practicidad de Básicas —pensada para la mujer y madre que, como Isabel, necesita resolver su día con elegancia— a la libertad de La Salette fue «muy liberadora». Si bien en su primera marca prima la racionalidad, en la alta costura le da rienda suelta a su creatividad con piezas que celebran momentos significativos.

La Salette no es una elección azarosa para la diseñadora. Inspirado en la aparición de la Virgen María en los Alpes franceses, el nombre rinde homenaje a lo que ella llama su «Madre del Cielo». La estética de la marca se basa en esa misma fuerza: una feminidad contemporánea que no teme al protagonismo. El sello distintivo son sus escotes memorables, diseñados como ejes de impacto que enmarcan el rostro y estilizan la silueta, en un equilibrio perfecto entre la estructura y el brillo ornamental.

Para quienes buscan una pieza de Isabel, el proceso es un ritual de cocreación. Desde la primera reunión de conocimiento hasta los bosquejos personalizados y la selección de tejidos, cada paso busca la perfección. Actualmente se especializa en novias, madrinas, quinceañeras y eventos sociales, y trabaja exclusivamente a medida, aunque con la promesa próxima de una línea ready-towear. Con la mirada puesta en el mercado internacional y el firme objetivo de consolidar su identidad local, sigue explorando técnicas innovadoras. Para ella, el éxito no solo está en la técnica, sino en lograr que cada mujer, al vestirse, descubra una versión más segura de sí misma.

¿Cuándo supiste que querías dedicarte al diseño de moda y qué fue lo que te enamoró de este mundo?

 – Honestamente siempre me gustó, mis amigas recordarán que de chica dibujaba vestidos en la parte de atrás de mis cuadernos. Sabía que debía formarme un poco más para lanzar y gestionar una empresa. Por eso, luego de recibirme y con un poco más de experiencia laboral, me aventuré a iniciar mi primera marca en el 2017, que fue Básicas, con un concepto atemporal/casual y un tipo de producción mucho más industrial. Luego, en 2024, presenté Oh Baby, que son ropitas de bebé inspiradas en mis hijos. Y en 2025 finalmente me animé a lanzar La Salette Alta Costura, que es realmente lo que más me apasiona.

Qué valores personales creés que fueron claves para sostener tu carrera hasta hoy?

– Principalmente la fe. A lo largo de la vida pasamos por muchas pruebas. Sin Dios es muy difícil volver a levantarse o sobreponerse a los desafíos que se nos presentan. De Él saqué fuerzas para seguir trabajando cuando perdí a mi mamá, a mi hermana, durante la pandemia y cuando se dio el nacimiento prematuro de mis mellizas. Detrás de cada empresa siempre hay una persona con sus luchas diarias, y en esas luchas prefiero tenerle siempre al Señor.

¿Cómo fue el proceso de construir una nueva marca desde una base ya establecida? ¿Fue más desafiante o más liberador?

– Para mí fue muy liberador, lo estuve posponiendo por mucho tiempo. Y si bien tiene sus múltiples desafíos al ser algo más artesanal, también me divierte un montón crear piezas únicas con tejidos y técnicas diferentes.

¿Qué tejidos, materiales o técnicas fuiste incorporando que sientas que son un sello original de La Salette?

– Diría que nuestro sello es un escote protagonista. Casi siempre me enfoco en esa parte como espacio de expresión y equilibrio visual. Es el eje del diseño, enmarca el rostro, estiliza la silueta y crea un punto de impacto inmediato y memorable.

¿Cómo es la experiencia desde la primera reunión hasta la entrega final del vestido?

– En la primera reunión nos conocemos y exploramos el gusto de cada una. Para la segunda ya presento bosquejos inspirados en esas preferencias pero con la identidad y el sello de La Salette. Entonces también vemos telas y tomamos medidas. Luego, según la complejidad del diseño, hacemos las pruebas necesarias para que quede perfecto.

¿Qué objetivos tenés para La Salette en los próximos años, tanto creativos como en términos de posicionamiento?

– Por el momento en lo creativo, seguir profundizando en la construcción de nuestra identidad, explorar nuevas técnicas y fusionar tejidos e insumos innovadores. En términos de posicionamiento, consolidar a La Salette como una marca referente en la alta costura local con miras al mercado internacional.

@basicas_paraguay @lasalette.py y @ohbaby_paraguay